Madres buscadoras; hacen lo que debería hacer el Estado

Madres buscadoras; hacen lo que debería hacer el Estado

Madres buscadoras; hacen lo que debería hacer el Estado

  • Demis Santana

La desaparición de personas en México dejó de ser únicamente un problema de seguridad para convertirse en una crisis institucional.

El hallazgo de restos humanos durante operativos realizados por colectivos de búsqueda en el Estado de México volvió a colocar en el centro del debate una pregunta incómoda: ¿por qué son las familias quienes, con herramientas limitadas y bajo riesgo personal, están encontrando lo que las instituciones no han logrado localizar?

El caso ocurrió mientras grupos de búsqueda realizaban labores para localizar a una menor desaparecida. La búsqueda, que inició con la esperanza de encontrar a una persona con vida, terminó revelando una realidad mucho más amplia: la existencia de posibles zonas utilizadas para ocultar víctimas del crimen organizado.

Estos hallazgos han convertido a las madres buscadoras en uno de los rostros más visibles de la crisis de desapariciones en México.

Su labor, originalmente impulsada por la desesperación de encontrar a sus propios familiares, se transformó en una actividad organizada de rastreo de fosas clandestinas, identificación de restos y presión hacia las autoridades.

El fenómeno plantea un cuestionamiento profundo al funcionamiento del Estado mexicano.

En un sistema donde las fiscalías, policías de investigación y servicios forenses deberían encabezar la búsqueda, son los ciudadanos quienes en muchos casos aportan información, recorren terrenos, identifican posibles puntos de interés y exigen que las autoridades actúen.

La discusión no es solamente sobre recursos.

También es sobre capacidad institucional.

México enfrenta desde hace años una crisis forense marcada por miles de cuerpos sin identificar, saturación de servicios periciales y una enorme cantidad de expedientes de personas desaparecidas que permanecen abiertos.

Para las familias, el problema tiene una dimensión humana: cada cifra representa una historia, una familia que espera respuestas y un Estado que tiene la obligación constitucional de buscar.

El Gobierno sostiene que se han creado mecanismos, protocolos y unidades especializadas para atender la crisis. Sin embargo, colectivos de familiares señalan que la magnitud del problema supera la capacidad actual de las instituciones y que la respuesta sigue siendo insuficiente.

El debate de fondo es incómodo:

¿Las madres buscadoras son un ejemplo de participación ciudadana frente a una tragedia nacional o son la evidencia de una falla estructural del Estado?

Porque mientras una madre tenga que tomar una pala, recorrer terrenos peligrosos y buscar por su cuenta a un hijo desaparecido, la crisis seguirá siendo no solamente de seguridad, sino de justicia y gobernabilidad.

La desaparición de personas representa uno de los mayores desafíos del Estado mexicano: demostrar que tiene la capacidad de proteger a sus ciudadanos, investigar los delitos y garantizar que ninguna familia tenga que convertirse en investigadora para encontrar a los suyos.

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