La guerra entre el crimen organizado y las autoridades en México ha alcanzado nuevas dimensiones, con el uso de drones como una herramienta estratégica por parte de los cárteles. Este desarrollo marca un giro significativo en las tácticas empleadas por grupos criminales, escalando el conflicto a un nivel tecnológico que complica aún más los esfuerzos de las fuerzas de seguridad.
La información recabada en la Secretaría de Seguridad Pública de Tamaulipas revela que cárteles como el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) han adoptado drones no solo para vigilancia, sino también para ataques directos contra rivales y autoridades.
Estos dispositivos estan modificados para llevar explosivos, y representan una amenaza sin precedentes, ya que permiten a los criminales operar desde una distancia segura, evadiendo las tácticas tradicionales de las fuerzas del orden.
La escalada tecnológica no es nueva, pero ha ganado intensidad en los últimos años. Desde 2017, los cárteles han utilizado drones para transportar drogas, realizar vigilancia y, más recientemente, para lanzar ataques.
Las autoridades han documentado drones que han sido empleados en operaciones de extorsión, intimidación y incluso asesinatos selectivos, transformando la dinámica del conflicto.
Las autoridades mexicanas han respondido con algunas contramedidas incluyendo el despliegue de tecnología anti-dron, pero la rapidez con la que los cárteles y su potencia económica tienen como efecto, adaptación y mejora de sus dispositivos por lo que es un desafío constante.
La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) ha reportado un aumento en los incidentes relacionados con drones, particularmente en estados como Michoacán, Guerrero y Sinaloa, donde la actividad delincuencial es absoluta.
Este desarrollo no solo complica las operaciones de las fuerzas de seguridad, sino que también pone en riesgo a la población civil, ya que los drones pueden ser utilizados en áreas urbanas.
La guerra entre narcos y autoridades, que ya involucra tácticas paramilitares como el uso de IEDs (dispositivos explosivos improvisados) y armas de alto calibre, ahora incluye una dimensión aérea que requiere una reevaluación de las estrategias de seguridad.
La Secretaría de Seguridad subraya la urgencia de una respuesta coordinada entre el gobierno mexicano y la comunidad internacional, particularmente con los Estados Unidos, sin embargo, la falta de recursos y la corrupción endémica siguen siendo obstáculos significativos.
Esta escalada tecnológica en la guerra del narco no solo redefine el paisaje de la seguridad en México, sino que también plantea preguntas sobre la capacidad del estado para proteger a sus ciudadanos en un conflicto que cada vez más se asemeja a una guerra asimétrica.