En medio de un universo regido por el caos, la ideología, y el abuso de las tecnologías de la comunicación, la Generación Z ha volteado a la fe; una serie de estudios revela que estas generaciones de jóvenes han adoptado prácticas espirituales como la adhesión a religiones, en lo que es, la saturación emocional de la hiperconectividad, y el extremo odio que perciben de las redes sociales.
De acuerdo con un análisis difundido por Azteca Noticias, miles de jóvenes están mostrando un hartazgo profundo hacia el algoritmo, las redes sociales y la presión constante de la vida digital. La ansiedad, el burnout y la necesidad de desconexión han impulsado a muchos a buscar espacios de interioridad, silencio y significado que encuentran en la fe o en prácticas espirituales renovadas.
Estudios como los del Barna Group y reportes de Religion News Service señalan que la lectura bíblica, la asistencia a templos. y la búsqueda de comunidad espiritual han aumentado de manera notable entre jóvenes de Estados Unidos y México, particularmente de la Gen Z y de los Millennials; la tendencia también se observa en encuestas globales que documentan una "desecularización suave", donde la espiritualidad no se manifiesta necesariamente en instituciones tradicionales, pero sí en la búsqueda de certezas y propósito.
Analistas apuntan a que el clima mundial de incertidumbre económica, crisis ambientales, polarización social y presión psicológica amplifica esta búsqueda de refugio emocional. Frente a un ecosistema digital que exige atención permanente, la fe aparece como un contrapeso: un espacio sin algoritmos, sin comparación constante y sin ruido.
Aunque algunos especialistas advierten que podría tratarse de una moda pasajera alimentada por el cansancio de la era postdigital, otros sostienen que estamos ante un giro cultural más profundo; la juventud, dicen, no está regresando necesariamente a la religión institucional, sino que está redefiniendo su relación con lo sagrado en formatos más flexibles, híbridos y personalizados.
Por ahora, lo cierto es que la Generación Z parece estar liderando una búsqueda espiritual inesperada, que cuestiona la narrativa de que los jóvenes son ajenos a la fe y abre una nueva discusión sobre el rumbo cultural de una sociedad cada vez más saturada, pero también más consciente de su necesidad de significado.