Cuando Andrés Manuel López Obrador reapareció para presentar su libro "Grandeza", el país esperaba nostalgia, historia, una despedida literaria.
En vez de eso, soltó la frase que encendió todas las alarmas en Washington: "Si hay intervención de Estados Unidos o de cualquier otro país en México, saldré a las calles a defender la soberanía.
Dicho con calma, pero cargado como una mina antipersona, el mensaje deja claro que AMLO no está retirado: está reposicionado.
Y desde una posición más cómoda -sin responsabilidad institucional- está más libre para advertir, desafiar y mover fichas.
Detrás de escena, es difícil pensar que AMLO actúe solo. Todo indica que ya teje hilos con sus aliados ideológicos: Nicolás Maduro y Gustavo Petro, articulando un bloque de resistencia latinoamericana ante lo que perciben como la embestida -con razón o sin ella- del gobierno de Estados Unidos.
Ese frente no es improvisado: es estratégico, coordinado y con un objetivo claro. Y Morena tiene un recurso probado que utilizarán sin titubear: la movilización masiva, los cientos de miles que históricamente han sido convocados para cerrar filas, ganar elecciones y sostener el proyecto. Si AMLO llama, responden.
La cláusula final de su mensaje es la verdadera dinamita: cualquier intervención externa activa su regreso a la arena pública. Y no como observador, sino como líder de resistencia.
AMLO dejó escrito, con su voz, su propio "botón rojo".
Eso significa que la soberanía mexicana vuelve a ser campo minado. Y no solo la mexicana: la venezolana, la colombiana, la de cualquier país donde este bloque esté dispuesto a hacer frente.
Quienes se atrevan a cruzar la línea roja de la soberanía mexicana, venezolana, colombiana -y todo lo que ello implica- deben tener claro dos palabras que arden bajo la mesa geopolítica liderada por Morena y AMLO: Huachicol y Fentanilo.
Que a Donald Trump (lol) le sea leve...