Ciudad de México, 30 de octubre de 2025.- Con el nuevo Poder Judicial, la pausa a la destrucción de ecosistemas en la Selva Maya parece haber llegado a su fin. Los recientes fallos que desecharon los amparos interpuestos por organizaciones ambientales abrieron el paso para que continúe, sin mayor obstáculo legal, la construcción del Tren Maya, uno de los proyectos más polémicos del actual gobierno.
Pese a la extensa documentación científica y ambiental que advierte sobre daños irreversibles a la selva, los cenotes y el sistema subterráneo de agua en la península de Yucatán, los jueces han considerado "improcedentes" los recursos promovidos por colectivos ciudadanos, activistas y comunidades mayas.
Deforestación masiva y fragmentación del hábitat
El llamado Tramo 5 -entre Cancún y Playa del Carmen- se ha convertido en el epicentro del conflicto. Fotografías satelitales y reportes de campo de Greenpeace México y otras ONG evidencian una deforestación estimada en más de 10 millones de árboles.
Las imágenes muestran carreteras abiertas a través de la selva, el paso de maquinaria pesada y la alteración de corredores biológicos de especies en peligro, como el jaguar y el tapir.

Foto: Juan Valdivia / Pie de Página.
"Estamos viendo cómo se destruye un ecosistema milenario bajo el argumento del progreso", señala la bióloga Elena García, integrante del colectivo SelvaMe del Tren. "La pérdida de cobertura vegetal no solo afecta la flora y fauna; también el equilibrio hídrico del subsuelo y la estabilidad del terreno."
Cenotes contaminados y cavernas fracturadas
La Semarnat reconoció que al menos ocho cenotes y cavernas han sufrido daños directos por el vertido de concreto y perforaciones de pilotes de acero. Ambientalistas aseguran que el número real supera el centenar.
En algunos casos, se han detectado filtraciones de hidrocarburos y materiales de construcción al acuífero principal de la región, fuente de agua potable para miles de habitantes.
Foto: Animal Político / Archivo 2024.
"Los pilotes se hunden hasta 25 metros en terreno kárstico. Eso altera los flujos naturales del agua y puede causar derrumbes o contaminación del sistema subterráneo", explica el geólogo José Antonio González, del Instituto de Geofísica de la UNAM.
Amparos desechados y opacidad judicial
El rechazo sistemático de los amparos ambientales ha despertado sospechas de intervención política en el Poder Judicial. Diversas organizaciones denunciaron que los tribunales, antes un contrapeso clave, se han alineado a las prioridades del Ejecutivo bajo el nuevo esquema de magistrados designados.
El colectivo Sélvame del Tren confirmó que al menos 12 recursos de amparo fueron desechados o sobreseídos en las últimas semanas. "Las resoluciones ni siquiera entran al fondo del asunto: declaran que no tenemos 'interés jurídico' o que el daño no es inminente", lamentó su vocero.
Entre el discurso del desarrollo y la evidencia del ecocidio
El gobierno federal mantiene su narrativa de que el Tren Maya impulsará el empleo, el turismo y la conexión económica del sureste mexicano. Sin embargo, la realidad ambiental muestra otra cara: fragmentación ecológica, contaminación y pérdida de patrimonio natural y cultural.
"Este proyecto se vende como símbolo del progreso, pero sus cimientos se están colocando sobre los restos de una selva viva", apuntó la ambientalista María Ulibarri, integrante del Centro Mexicano de Derecho Ambiental (CEMDA).
Conclusión
Con el nuevo Poder Judicial cerrando las vías legales, los defensores del medio ambiente enfrentan una etapa crítica.
Mientras el tren avanza entre túneles y pilotes, la selva se abre paso solo en los recuerdos y en las fotografías de lo que fue uno de los ecosistemas más ricos del continente.
El costo ambiental, ya visible desde el espacio, podría ser el legado más duradero de una obra que prometió desarrollo, pero que amenaza con dejar una cicatriz ecológica de dimensiones históricas.