Niño Sicario en Tabasco; 20 años de combate al narco tirados a la basura

Niño Sicario en Tabasco; 20 años de combate al narco tirados a la basura

Niño Sicario en Tabasco; 20 años de combate al narco tirados a la basura

Villahermosa, Tabasco, 13 de octubre de 2025.- Tenía apenas 14 años, pero ya cargaba con un alias, un arma automática y una reputación dentro de una célula delictiva. Su nombre: Derek Jair "N", conocido como "El Niño Sicario" o "El Niño Piedra".

Fue detenido este fin de semana en Tabasco, tras intentar disparar una subametralladora Uzi contra policías estatales. El arma se encasquilló. Si no, quizá hoy no habría detenido, sino otro niño muerto.

En su mochila, los agentes hallaron drogas, cartulinas con amenazas, y un teléfono lleno de videos: una mujer secuestrada, un asesinato, una fosa. Todo eso en manos de un menor que, hace apenas unos años, debió estar en una escuela, no en una lista de objetivos criminales.

Dos décadas después, todo sigue igual

El caso es más que una nota roja. Es la fotografía más nítida de un país que lleva 20 años declarando la guerra al narcotráfico sin haber ganado nada.
Desde 2006, con el inicio de la estrategia militar, más de 400 mil muertos y 100 mil desaparecidos han sido el saldo. Pero los cárteles no solo no se extinguieron: se fragmentaron, se multiplicaron y se adaptaron.

Hoy, esa herencia se resume en un adolescente empuñando un arma automática.
La línea del tiempo del fracaso es clara: los capos caen, pero sus estructuras reclutan más jóvenes; los decomisos aumentan, pero la droga fluye más barata y más pura; los gobiernos cambian, pero la pobreza y la impunidad siguen siendo el mejor semillero.

Tabasco: un laboratorio del colapso

La detención de "El Niño Sicario" ocurrió cerca de la carretera Villahermosa-La Isla. Según las autoridades, operaba bajo las órdenes de un criminal preso, "El Chicle", desde el penal de Tabasco.
Eso revela otra grieta estructural: el control del crimen desde las cárceles, la corrupción de las policías locales y el reclutamiento de menores ante la falta de oportunidades.

Organizaciones civiles estiman que al menos 30 mil niños y adolescentes han sido reclutados por el crimen organizado en los últimos años, ya sea como "halcones", vendedores o sicarios. Algunos comienzan a los 11.

Un niño como síntoma, no como excepción

El caso de Derek Jair no es un hecho aislado: es una consecuencia directa de políticas que confunden seguridad con guerra, y combate con venganza.
Mientras los discursos oficiales celebran capturas, la estructura social que produce delincuentes sigue intacta.

Y hoy, veinte años después del inicio de esa cruzada, el país tiene menos paz, menos justicia y menos infancia.
Porque cuando un niño de 14 años se convierte en sicario, no solo fracasa el Estado: fracasa toda una nación.

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