Ciudad de México, 11 de agosto de 2026.-La Megafarmacia del Bienestar, uno de los proyectos emblemáticos del gobierno de Andrés Manuel López Obrador para combatir el desabasto de medicamentos, enfrentó desde sus primeros meses de operación una realidad muy distinta a la promesa con la que fue inaugurada; a dos años, está en el fracaso como proyecto.
La instalación, ubicada en Huehuetoca, Estado de México, fue puesta en operación el 29 de diciembre de 2023 con la promesa de convertirse en una reserva nacional capaz de atender las necesidades de medicamentos de instituciones como el IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar.
La expectativa era enorme.
La capacidad anunciada también: hasta 280 millones de piezas de medicamentos.
Sin embargo, los primeros resultados documentados mediante información de Birmex mostraron una operación mínima frente a las dimensiones del proyecto.
Entre el 29 de diciembre de 2023 y el 29 de abril de 2024, la Megafarmacia solamente había surtido 341 recetas, equivalente a un promedio de 2.7 recetas por día.
El contraste resulta todavía más evidente al revisar el volumen de solicitudes.
Durante ese mismo periodo, el centro recibió 95 mil 297 llamadas. De ellas, 24 mil 792 no tuvieron interacción y otras 27 mil 94 no pudieron ser atendidas debido a que los usuarios carecían de elementos como receta médica o CURP.
De las recetas finalmente surtidas, solamente dos correspondieron a derechohabientes del IMSS, mientras que 210 fueron para pacientes del ISSSTE y 129 para personas atendidas por IMSS-Bienestar.
El problema no era únicamente la cantidad de recetas.
La propia disponibilidad de medicamentos representó uno de los principales obstáculos.
Al momento de su inauguración, la Megafarmacia contaba con aproximadamente 2.46 millones de piezas, apenas alrededor de 0.9 por ciento de su capacidad máxima de almacenamiento, según información obtenida de Birmex.
Es decir, el país tenía una gigantesca infraestructura destinada a almacenar cientos de millones de medicamentos, pero la capacidad física de la bodega no significaba que esos medicamentos estuvieran disponibles.
Y ahí quedó expuesto uno de los problemas fundamentales del proyecto:
una bodega gigantesca no resuelve por sí misma una cadena de suministro deficiente.
El verdadero desafío del sistema público de salud no consiste solamente en almacenar medicamentos. Implica comprarlos oportunamente, mantener inventarios suficientes, distribuirlos a hospitales y clínicas, identificar la demanda de cada región y conseguir que el paciente reciba el tratamiento cuando lo necesita.
La dimensión del contraste puede apreciarse al compararlo con el volumen ordinario de recetas que manejaba el IMSS. Datos citados en la información sobre la Megafarmacia señalaban que el Instituto había reportado un promedio de alrededor de 613 mil recetas surtidas diariamente en 2022.
Frente a ese volumen, las 2.7 recetas diarias registradas por la Megafarmacia durante sus primeros cuatro meses revelaron una diferencia abismal.
EL PROBLEMA SOBREVIVIÓ A LA MEGAFARMACIA
La dificultad para garantizar el suministro tampoco terminó con la puesta en marcha de la instalación.
Durante el gobierno de Claudia Sheinbaum fue necesario desarrollar una nueva estrategia de adquisición de medicamentos para 2025 y 2026, con una compra masiva que involucró miles de claves y decenas de instituciones.
En 2025, el gobierno aseguró haber avanzado considerablemente en la recuperación del abasto y reportó compras por 284 mil millones de pesos, además de cientos de millones de piezas recibidas. Al mismo tiempo, se reconocieron problemas todavía pendientes en la distribución y en la cadena de suministro.
Esto evidencia que el problema del desabasto no podía resolverse simplemente concentrando medicamentos en una sola instalación.
De hecho, la propia estrategia posterior del gobierno se orientó hacia mecanismos de compra, distribución y logística distintos, incluyendo nuevas rutas de distribución para llevar medicamentos hacia las unidades médicas.
UNA PROMESA QUE SE MIDIÓ EN RECETAS
La Megafarmacia fue presentada como una respuesta contundente a uno de los problemas más sensibles de la salud pública mexicana: que un paciente llegue a una clínica con una receta y no encuentre el medicamento que necesita.
Por eso, la medida de su éxito no debería ser el tamaño de la bodega, el número de millones de piezas que puede almacenar o la espectacularidad de su inauguración.
Debe ser mucho más sencilla:
¿Cuántos pacientes recibieron sus medicamentos?
Los primeros cuatro meses dejaron una respuesta difícil de conciliar con las expectativas originales: 341 recetas surtidas.
No se trata de negar que posteriormente hayan existido modificaciones, nuevas compras o mejoras en el sistema de abastecimiento. Tampoco significa que la instalación sea completamente inútil.
Pero sí permite establecer un hecho:
la Megafarmacia no produjo, por sí sola, la solución nacional al desabasto que se prometió cuando fue presentada.
La experiencia dejó además una lección de administración pública: construir una infraestructura monumental es relativamente sencillo de mostrar; garantizar que un medicamento llegue a tiempo a la cama de un paciente es mucho más difícil.
Y para quien espera una medicina indispensable, una bodega de 280 millones de piezas no significa absolutamente nada si el medicamento que necesita no está ahí.
Porque al final, en materia de salud pública, el éxito no se mide en metros cuadrados de almacén ni en millones de piezas anunciadas.
Se mide en pacientes atendidos.
Y una receta que no llega a quien la necesita sigue siendo, simplemente, un medicamento que no llegó.