Ciudad de México, 29 de marzo de 2026 - En un acto en Zacatecas, la presidenta Claudia Sheinbaum volvió a recurrir a una narrativa histórica simplificada y cargada de nacionalismo: "La última vez que intervinieron [Estados Unidos], se llevaron la mitad del territorio". La frase, repetida en varias ocasiones desde Palacio Nacional, busca deslegitimar cualquier idea de cooperación o acción estadounidense contra los cárteles, pero omite contextos clave de la Guerra México-Estados Unidos de 1846-1848.
Sheinbaum presentó el conflicto como una invasión unilateral en la que México fue víctima pasiva de un despojo. "Nos invadieron los Estados Unidos y se llevaron la mitad del territorio", afirmó, dirigiéndose a quienes sugieren mayor involucramiento de Washington en la lucha contra el crimen organizado. "Hay unos antipatriotas que andan diciendo que sí [vengan]". En febrero, también respondió a declaraciones de Donald Trump con un tajante: "No somos Santa Anna".
Los hechos históricos que no se mencionanLa realidad fue más compleja. Tras la independencia de Texas en 1836 -conflicto en el que Antonio López de Santa Anna fue derrotado y firmó tratados reconociendo la independencia-, Estados Unidos anexó Texas en 1845.
La frontera era disputada (Río Grande vs. Río Nueces). El presidente James Polk buscó expansión territorial bajo el "Destino Manifiesto". México rechazó ofertas de compra de territorios y hubo un incidente armado en la zona en disputa (Thornton Affair).Ambos países declararon la guerra. México, sumido en inestabilidad política y militarmente inferior, perdió batallas clave.
Santa Anna, regresado del exilio, asumió el mando y contribuyó con decisiones que agravaron las derrotas. El Tratado de Guadalupe Hidalgo (1848) formalizó la cesión de más de 2.3 millones de km² (aproximadamente el 55% del territorio mexicano de entonces) a cambio de 15 millones de dólares y el reconocimiento del Río Grande como frontera. No fue un "robo" sin tratado ni resistencia, sino el resultado de una guerra perdida.
Historiadores de ambos lados reconocen el expansionismo estadounidense como factor principal, pero también destacan la debilidad interna mexicana post-independencia, divisiones políticas y el papel de líderes como Santa Anna, cuya figura sigue siendo controvertida por traiciones y autoritarismo.Uso político actualDesde Palacio Nacional, esta versión victimista sirve para reforzar el discurso de soberanía absoluta ante presiones de Trump por acciones contra cárteles y fentanilo.
Sheinbaum ha insistido en que México coopera "sin subordinación" y que una intervención no es opción, recordando que "la última vez se llevaron la mitad". Críticos ven en esto manipulación retórica que ignora la agencia mexicana en el pasado y evade responsabilidades presentes en materia de seguridad.La historia no es blanco o negro. Estados Unidos actuó con ambición territorial; México pagó caro su caos interno.
Reducirlo a "ellos se llevaron la mitad" alimenta un nacionalismo que puede unir emocionalmente, pero distorsiona hechos para fines políticos actuales. En tiempos de tensiones reales por narcotráfico y migración, una lectura madura de la historia serviría mejor que la simplificación desde el púlpito presidencial.