Ciudad de México, 30 de nociembre de 2025.- México fue colocado nuevamente en la conversación internacional luego de que un reporte señalara al país como el que más redujo la pobreza en América Latina. Las cifras, celebradas por autoridades federales, hablan de millones de personas que "dejaron de ser pobres" en los últimos años, sin embargo, un documento oficial del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL) revela una realidad mucho menos triunfalista: la línea de pobreza está fijada en apenas $11,290.80 mensuales por hogar, equivalente, en la práctica, a $12,000 pesos, como aparece redondeado en sus propios gráficos.
Según el CONEVAL, una familia de cuatro integrantes es considerada pobre si no supera ese ingreso mensual. Esto significa que si un hogar pasa de ganar $10,500 a $12,000, estadísticamente "sale de la pobreza", aunque sus condiciones materiales cambien casi nada. La institución reconoce además que el salario mínimo mensual -$2,401.20- tendría que multiplicarse 4.7 veces para que una familia alcance el nivel básico de bienestar. Es decir, trabajar tiempo completo con salario mínimo no te saca de la pobreza, ni siquiera cerca.
Este tabulador es la clave del debate. Mientras el Gobierno presume una reducción histórica en el número de pobres, el documento del propio CONEVAL muestra que el umbral para "dejar de ser pobre" es tan bajo, que miles de familias apenas por encima de ese monto viven en condiciones que, en la práctica, siguen siendo de precariedad: renta inaccesible, inflación en alimentos, transporte costoso, rezago educativo y servicios públicos deteriorados.
El país reduce pobreza estadística, pero no reduce pobreza real.
El contraste es evidente: por un lado, la tesis oficial afirma que los aumentos al salario mínimo, la expansión del empleo formal y los programas sociales han sacado a millones de la pobreza.
Por el otro, la propia medición institucional muestra que la línea de bienestar es tan limitada que basta un ingreso ligeramente mayor para reclasificar a hogares que no han mejorado su calidad de vida.
La dialéctica inevitable en la discusión es esta: México avanza en cifras, pero no en condiciones, la pobreza baja en información computable, pero no en la mesa.
Con estos parámetros, la supuesta reducción récord queda sujeta a interpretación de acuerdo a expertos; si el tabulador definiera un ingreso más realista, acorde a vivienda, servicios, educación, salud y costo real de la canasta familiar, la magnitud del descenso sería mucho menor. Lo que México experimenta es, en buena medida, una victoria metodológica, no necesariamente un cambio estructural en el bienestar de las familias.
Mientras el Gobierno celebra el logro y los organismos internacionales replican la cifra, millones de hogares siguen viviendo con ingresos que, aunque los sacan del rubro "pobre" en una tabla, no les alcanzan para una vida digna. El país sigue cambiando la métrica más rápido que la realidad.