Monterrey, 26 de febrero de 2026.- La "Guerra contra el Narco" del presidente, Felipe Calderón Hinojosa, así como la de la actual presidente, Claudia Scheinbaum, fueron sugerencia del gobierno de los Estados Unidos.
Ambas poseen la misma arquitectura en su causalidad, siguen los mismos patrones, y la misma línea de combate que es muy lejana a los "abrazos no balazos" del presidente, Andrés Manuel López Obrador.
Hace unos días, la presidente Claudia Scheinbaum cae en una parajoda; predicó en su conferencia matutina que la "guerra de Calderón" no había dado resultados, pero va por el mismo camino. Llegó al poder denunciando la "militarización" y la "guerra" de 2006, pero que hoy ejecuta una estrategia cuyos hilos -al igual que entonces- se mueven desde Washington.
I. La sugerencia que es orden: El "factor Trump" y el asedio de 2026
Si Calderón reaccionó ante las advertencias de la administración Bush, Claudia Sheinbaum enfrenta hoy una presión mucho más cruda. Tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, la retórica de "invasión militar" y la designación de cárteles como "organizaciones terroristas" han forzado al Gobierno de México a dar resultados quirúrgicos.
La reciente caída de liderazgos clave del CJNG y el asedio a sus zonas de control no son producto de una "atención a las causas" sociales. Expertos coinciden en que son respuestas directas a las amenazas de aranceles globales del 10% al 25% impuestos por Trump. En 2006 se llamaba Iniciativa Mérida; en 2026 se llama Supervivencia Económica, pero la orden de "limpiar el patio" sigue cruzando el Río Bravo.
II. Preparación de élite: El disfraz de la Guardia Nacional
Uno de los puntos clave que mencionas es la profesionalización. Calderón intentó -y falló- crear una Policía Federal civil entrenada por extranjeros. Sheinbaum, por el contrario, ha decidido que la única policía capaz es la que viste de verde olivo.
La contradicción: Mientras el discurso oficial reniega de la formación extranjera, la Guardia Nacional ha absorbido manuales, tecnología de rastreo y tácticas de combate que siguen los estándares del Comando Norte de EE. UU.
La realidad: El entrenamiento ya no busca "prevenir delitos", sino "aniquilar capacidades logísticas", un eufemismo militar para la confrontación directa que la presidenta se niega a llamar guerra.
III. La "lana" y el flujo de inteligencia: Del cheque al satélite
Calderón recibió miles de millones en equipo físico (los famosos Black Hawks). Hoy, el flujo de recursos es más sutil pero igual de vital:
Ciberinteligencia: El gobierno de Sheinbaum depende hoy más que nunca de la inteligencia de señales (SIGINT) provista por la CIA y la DEA.
Logística Invisible: Aunque la presidenta rechazó formalmente que agentes de la CIA acompañen a los soldados en tierra (tras reportes del NYT en enero de 2026), la coordinación satelital y el uso de drones estadounidenses para localizar laboratorios de fentanilo son el motor real de los operativos actuales.
IV. La brutalidad compartida: Narcobloqueos y fuego cruzado
El reportaje no puede ignorar el costo humano. La semana pasada, la quema de 200 tráileres y la muerte de seis choferes en el Bajío revivieron las imágenes de 2011.
La narrativa oficial: "Son actos de propaganda de los grupos criminales".
La narrativa de la calle: Es una guerra abierta.
La diferencia técnica es que Calderón aceptaba las "bajas colaterales" con cinismo; el gobierno actual las envuelve en un discurso de "cero impunidad" y "paz", mientras los transportistas anuncian paros nacionales porque, en la práctica, el Estado ha perdido el control de las carreteras, igual que hace 15 años.
Felipe Calderón abrió la puerta a la colaboración bilateral por convicción o presión; Claudia Sheinbaum la mantiene abierta por necesidad sistémica. La presidenta niega la semejanza, pero los pilares son idénticos: dependencia de inteligencia gringa, militarización total y una violencia reactiva que paga el ciudadano.
La "estrategia de inteligencia" de 2026 ha resultado ser, en el terreno, tan brutal y dependiente de Washington como la "guerra" de 2006. El espejo no miente, aunque el discurso intente empañarlo.