Corre Scheinbaum a defender PEMEX por ecocidio marino

Corre Scheinbaum a defender PEMEX por ecocidio marino

Corre Scheinbaum a defender PEMEX por ecocidio marino

  • Agencias

Monterrey, 24 de marzo de 2026.-El Golfo de México, uno de los ecosistemas marinos más ricos de México, se ha convertido en un vasto cementerio de chapopote. Más de 630 kilómetros de litoral, desde la Laguna de Tamiahua en Veracruz hasta Paraíso en Tabasco, han sido invadidos por hidrocarburos en un derrame que ya suma 23 días sin control efectivo, afectando al menos 51 sitios documentados y dejando un rastro de destrucción que las autoridades federales insisten en minimizar.

En la conferencia matutina del 23 de marzo de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum fue tajante: Pemex no es responsable.

El origen, según la versión oficial, fue un barco de una empresa privada aún no identificada públicamente. Se trata, dijo, de un "delito penal" que la Fiscalía General de la República (FGR) ya investiga. Pemex, insistió, solo está "ayudando" con la limpieza de playas y mar, mientras el verdadero culpable -un navío fantasma- deberá pagar todos los daños ambientales, económicos y sociales.Esa narrativa choca frontalmente con la realidad que viven las comunidades costeras y que documentan organizaciones como Greenpeace y la Red Corredor Arrecifal del Golfo de México.

El derrame ha contaminado playas, manglares, lagunas sagradas como la del Ostión, arrecifes y zonas de pesca artesanal. Han muerto tortugas marinas, delfines, pelícanos y otras especies. Pescadores han visto paralizada su actividad. El olor a petróleo persiste en decenas de localidades donde la limpieza oficial brilla por su ausencia o resulta claramente insuficiente.

El chapopote sigue llegando a orillas ya "limpiadas".Peor aún: en las últimas semanas se han registrado al menos tres incidentes adicionales en las inmediaciones de la refinería Olmeca de Dos Bocas, incluyendo un nuevo derrame confirmado por la propia Pemex.

Aunque el gobierno los califica de "menores", las coincidencias temporales y geográficas alimentan la sospecha de que parte del hidrocarburo que mancha el Golfo proviene de infraestructura estatal, no solo de un supuesto buque privado cuya identidad nadie ha revelado con precisión.Organizaciones ambientales y comunidades afectadas cuestionan con dureza la versión oficial: falta de transparencia en los datos de monitoreo, contradicciones iniciales entre autoridades estatales y federales, y una aparente prisa por deslindar a Pemex para proteger la imagen de la paraestatal y del emblemático proyecto de Dos Bocas.

Mientras tanto, Pemex despliega operativos de limpieza y su director viaja personalmente a la zona, pero el costo operativo termina recayendo, una vez más, en el erario público.

Veintitrés días después del primer reporte, no hay responsable identificado, no hay montos de sanciones anunciados y no hay una declaración clara de emergencia ambiental. El Gobierno federal prefiere hablar de un "barco privado" y de la diligencia de Pemex, mientras el Golfo sigue tiñéndose de negro y las familias que dependen del mar ven cómo su sustento y su entorno se degradan irreversiblemente.Este no es un incidente aislado.

Es la enésima demostración de la fragilidad de la infraestructura petrolera mexicana, de la opacidad que rodea a Pemex y de la incapacidad -o falta de voluntad- del Estado para prevenir y responder con eficacia a desastres ambientales que afectan a los más vulnerables. El Golfo de México no soporta más derrames ni más excusas. Cada día que pasa sin una investigación independiente, sin datos verificables y sin justicia real, profundiza la herida en un ecosistema y en comunidades que ya no pueden seguir pagando el precio de la ineficiencia y la opacidad institucional.

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