Tijuana, B.C. - El crimen organizado ha dado un paso que redefine la violencia en México. La noche del 15 de octubre, un ataque con drones explosivos impactó la Fiscalía Especializada en Combate al Secuestro, en la zona de Playas de Tijuana, marcando un nuevo nivel de agresión contra el Estado mexicano.
De acuerdo con los reportes oficiales, los drones portaban artefactos de fabricación casera, elaborados con botellas de vidrio, pólvora, clavos, balines y fragmentos metálicos. Las detonaciones se registraron alrededor de las 19:06 horas, dañando tres vehículos -dos particulares y uno oficial-, sin dejar personas lesionadas.
La Fiscalía General del Estado de Baja California confirmó que abrió una carpeta de investigación por delito de terrorismo, mientras que autoridades federales rastrean el origen y tipo de drones utilizados.
El ataque no fue un hecho aislado. En semanas previas se habían reportado agresiones similares contra instalaciones fiscales en otras zonas del estado, lo que apunta a una estrategia coordinada de intimidación hacia las instituciones encargadas de perseguir al crimen organizado.
Expertos en seguridad señalan que este tipo de agresiones representa una "guerra asimétrica": grupos criminales empleando tecnología militar de bajo costo contra un Estado que carece de defensa antidrone.
"El mensaje es claro: si pueden atacar una sede oficial, pueden hacerlo en cualquier parte", advierte un especialista en seguridad consultado.
El incidente provocó alertas internacionales. El Consulado de Estados Unidos en Tijuana emitió una recomendación de precaución para su personal y ciudadanos en la región fronteriza.
Este episodio, el primero de su tipo en Baja California, revela un escenario inquietante: el crimen organizado domina no solo el territorio, sino también el espacio aéreo urbano, trasladando la guerra al cielo mexicano.