Gaza, 9 de octubre de 2025 .- En las calles polvorientas y entre las ruinas de lo que alguna vez fue una vida cotidiana, los gazatíes rompieron hoy el silencio de dos años de conflicto con gritos de alegría y disparos al aire.
El anuncio del acuerdo de paz entre Israel y Hamás, convocado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha desatado celebraciones espontáneas en localidades como Khan Yunis, Deir al-Balah y el campo de refugiados de Nuseirat.
Familias desplazadas, niños con ojos llenos de asombro y hombres que han perdido todo menos la esperanza se congregaron en plazas y cerca de hospitales, ondeando banderas palestinas y coreando "Allahu Akbar" mientras lanzaban fuegos artificiales improvisados.
El pacto, ratificado esta mañana por el gabinete israelí en Jerusalén y confirmado por Hamás desde Doha, marca la primera fase de un plan de 20 puntos propuesto por Trump el mes pasado. Incluye la liberación inmediata de todos los rehenes israelíes retenidos en Gaza -alrededor de 48, de los cuales unos 20 aún vivos- a cambio de la excarcelación de más de 1.700 prisioneros palestinos, entre ellos mujeres y niños. Israel se compromete a una retirada parcial de sus tropas del enclave, permitiendo la entrada sin obstáculos de ayuda humanitaria y el inicio de la reconstrucción.
"Es un día histórico", declaró Netanyahu en un breve comunicado, mientras Trump, desde la Casa Blanca, prometió asistir a una ceremonia de firma en Egipto este fin de semana y vaticinó "una paz sólida, duradera y eterna".
En Khan Yunis, epicentro de las celebraciones sureñas, cientos se reunieron cerca del Hospital Nasser en la penumbra del amanecer.
"No puedo creerlo", sollozó Ayman Saber, un residente de 42 años que huyó de su hogar en el norte hace meses.
"Hemos enterrado a tantos, pero hoy sentimos que volvemos a respirar".
Cerca de allí, en Al-Mawasi, un área costera designada como "zona segura" pero marcada por el éxodo forzado, grupos de jóvenes dispararon al cielo en ráfagas de júbilo, un eco irónico de los cohetes que han aterrorizado la región desde el 7 de octubre de 2023.
En Deir al-Balah, niños en un campamento de tiendas de campaña bailaron alrededor de fogatas, recibiendo dulces distribuidos por voluntarios locales -un gesto simbólico de "halawa al-hudna", o "dulces de la tregua", una tradición que evoca la dulzura de la paz tras la amargura de la guerra.
Sin embargo, la euforia se tiñe de cautela. "Aquí la esperanza ha sido asesinada demasiadas veces", confiesa Khalil Abu Shammala, exdirector de una ONG local, ahora desplazado en el sur.
Dos años de bombardeos israelíes han dejado más de 67.000 muertos palestinos, según autoridades gazatíes, y un enclave reducido a escombros: hospitales al límite, sin combustible para generadores, y una hambruna que ha azotado a cientos de miles.
El acuerdo no resuelve todo: pendientes quedan el desarme de Hamás -exigido por Israel y Trump-, la gobernanza futura de Gaza y una solución permanente al conflicto, como la de dos Estados.
"Queremos reconstruir, no solo pausar", advierte Fidaa Al Araj, cooperante de Oxfam en Gaza, quien relata cómo sus colegas, todos palestinos, celebraron con abrazos pero con "los dedos cruzados" por temor a que el pacto se fracture como otros antes.
El mundo observa con una mezcla de alivio y escepticismo.
Líderes como el presidente palestino Mahmud Abás lo saludaron como una "oportunidad trascendental", exigiendo el fin de la ocupación y un Estado palestino con Jerusalén Este como capital.
En Israel, las celebraciones en la Plaza de los Rehenes de Tel Aviv fueron igual de efusivas: familias de cautivos lloraron de emoción, y algunos clamaron por un Nobel de la Paz para Trump, cuyo plan -inicialmente visto como improbable- fue negociado en Sharm el-Sheikh con mediadores de Qatar, Egipto y Turquía.
Pero en Gaza, el foco está en lo inmediato: la llegada de camiones con comida, medicinas y combustible, prometida para las próximas 24 horas.
Mientras el sol se ponía sobre las playas bombardeadas de Gaza, un anciano en Nuseirat levantó su bastón al cielo: "Que esta vez la paz no sea un espejismo".
Las celebraciones continúan, pero el verdadero test vendrá en los días venideros, cuando los rehenes crucen las fronteras y las grúas reemplacen a los tanques.
Por ahora, en un rincón olvidado del mundo, la vida -frágil y resiliente- se atreve a soñar de nuevo.