Pekín / Tokio, 19 de noviembre de 2025.- Las relaciones entre China y Japón han entrado en una etapa de fricción peligrosa luego que la primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, declarara que si China atacara a Taiwán podría justificarse una respuesta militar por parte de Japón, rompiendo el tradicional enfoque de "ambigüedad estratégica".
En respuesta, Pekín respondió: la portavoz del Ministerio de Exteriores, Mao Ning, advirtió que las palabras de Takaichi son "una grave injerencia en los asuntos internos de China" y prometió represalias si Japón no se retracta.
Como parte de su respuesta, China suspendió las importaciones de marisco japonés, una medida simbólica y económica que demuestra su voluntad de penalizar a Tokio.
Además, Pekín emitió una advertencia de viaje para sus ciudadanos, instándolos a evitar Japón por razones de "seguridad".
En un cruce diplomático más directo, China convocó al embajador japonés, Kenji Kanasugi, para manifestar su rechazo formal a las declaraciones de Takaichi, calificadas por Pekín como provocadoras y peligrosas.
El trasfondo histórico no ayuda: este año marca el 80.º aniversario de la rendición de Japón en la Segunda Guerra Mundial, un momento que ha reavivado las heridas del pasado y añade carga simbólica a la disputa.
Por su parte, el presidente chino Xi Jinping ha pedido prudencia. En una reciente reunión con Takaichi, abogó por mantener "relaciones constructivas y estables", pero afirmó que la política de "una sola China" no es negociable.
Análisis: esta escalada muestra que China está dispuesta a usar sus herramientas económicas y diplomáticas para presionar a Japón cuando considera que se cruza una línea roja.
No es solo retórica: es advertencia. Japón, por su parte, se encuentra entre reafirmar su postura de defensa y evitar un conflicto abierto que desestabilice toda la región.