Una significativa disminución en la población extranjera en Estados Unidos en los primeros siete meses del segundo mandato del presidente Donald Trump ha llamado la atención de expertos. Los investigadores atribuyen este descenso a los niveles históricos más bajos de inmigración ilegal, sumados a un aumento en las deportaciones voluntarias y regresos a los países de origen. Según un análisis del Current Population Survey (CPS) realizado por Steven Camarota y Karen Zeigler del Centro de Estudios de Inmigración, de enero a agosto de este año la cantidad de personas nacidas en otros países en territorio estadounidense se redujo en 2.2 millones.
Pero lo que realmente sorprende es que de ese total, 1.6 millones corresponden a inmigrantes en situación irregular que abandonaron voluntariamente Estados Unidos, en resultado directo -dicen- de las estrictas políticas de control migratorio que el actual gobierno ha implementado en el interior del país. ¿Coincidencia? Los autores señalan que, aunque algunos podrían argumentar que estas cifras son solo una fluctuación estadística, la realidad apunta a una tendencia muy concreta: una drástica reducción en nuevas llegadas, acompañada de un gran número de emigraciones.
-¿Es esto simplemente una casualidad?-, cuestionan Camarota y Zeigler, quienes aseguran que los datos son bastante sólidos y se deben, en gran parte, a las políticas migratorias del gobierno de Trump. La evidencia, insisten, muestra que la disminución en la población extranjera no es un mero azar, sino el reflejo de una política eficaz de control y regulación más estricta.
El mes pasado, el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) informó que más de 1.6 millones de inmigrantes en situación irregular se habrían auto-deportado, mientras que las autoridades de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) deportaron a más de 400,000 personas. Además, recientemente, DHS anunció que en el año fiscal 2025 -que empezó en octubre- se registró el menor número de inmigrantes ilegales en 55 años, con menos de 238,000 arrestos en la frontera sur.
Y, para cerrar con broche de oro, en septiembre, por quinto mes consecutivo, el DHS no permitió la entrada de ningún migrante al interior del país. Un avance notable, considerando que esta administración tomó medidas rápidamente para desmantelar la llamada red "Catch and Release" que, bajo la gestión de Biden, permitía la liberación de migrantes en territorio estadounidense mientras esperaban sus procesos de deportación.